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Confesión

Esperando la muerte
como un gato
que saltará sobre la
cama

Estoy muy apenado por
mi mujer

ella verá este
rígido
blanco
cuerpo
lo sacudirá una vez, luego
quizás
de nuevo

"¡Hank!"

Hank no
responderá.

no es mi muerte lo que
me preocupa, es mi mujer
abandonada con este
montón de
nada.

Quiero
hacerle saber
sin embargo
que todas las noches
durmiendo
a su lado

incluso las más inútiles
discusiones
fueron cosas
siempre espléndidas

y las difíciles
palabras
que siempre temí
decir
pueden ahora
decirse:

Te
amo.


© 1984 Charles Bukowski
© Traducción F.-

Oh, sí­...

hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de esto
y más a menudo
cuando te das cuenta
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde.

Charles Bukowski.

©1984 Linda Lee Bukowski

Anoche Soñé Con Vos

Anoche soñé con vos. Tan real el sueño que una sensación de asfixia y angustia me dominó por un instante cuando mi mano se encontró con el vací­o en la cama. Sorprendido, atropellado por las emociones, suspiré, mirando hacia el techo, tratando de volver a las imágenes, tan ví­­vidas, premonitorias, tal vez deseo y pasado amalgamados, del instante anterior.

Qué heridas eran las que sangraban, qué sonidos los que llevaron a ese lugar? Somos tan frágiles, a veces.
Intranquilo, sabiendo que hay estaciones que difí­­cilmente vuelva a ver, me acomodé en el tren de la Vida, cruzándome de brazos que es la forma en que suelo encerrarme en mi mismo, sacando la cabeza por la ventana para mirar hacia atrás, sí­­, hacia atrás...

Es lo que es.

No porque sea la primera vez que te sueño, pero sí­­ de esta manera. Extraño sueño tranquilo y emocionante, el rosedal de mis certezas se llenó de espinas dulces como anhelos y besos añejos. Culpo a la edad por ello y sé que me vuelvo a mentir como tiempo atrás. La soledad? No, tampoco es ella. Nadie carga con mis lágrimas más que yo. Es la sinfoní­­a de mis emociones que empieza a desafinar, lo sé.

Hay una estación nueva allá adelante, y espero llegar pronto, pero siento como si hubiera dejado algo en la anterior y eso me aturde. Tan real el sueño...

Anoche soñé con vos.

Fue un sueño, nada más.
El más hermoso, nada menos.

Todo

Los muertos no necesitan
aspirinas o
penas,
supongo.

pero puede que necesiten
lluvia.
zapatos no
pero un lugar donde
caminar

tampoco cigarrillos,
nos dicen,
pero un lugar donde
arder

o nos dicen:
espacio y un lugar para
volar
deben ser lo
mismo

los muertos no me
necesitan

ni los
vivos

pero puede que los muertos se necesiten
unos
a otros

en realidad, los muertos podrían necesitar
todo lo que nosotros
necesitamos

y
necesitamos tanto,
si sólo supiéramos
qué
es

es
probablemente
todo

y todos nosotros
probablemente moriremos
tratando de
conseguirlo

o moriremos

porque
no lo
conseguimos.

Espero
entenderás
cuando yo esté muerto

que conseguí
tanto
como
fue posible.

©1964 - Charles Bukowski
Traducción: F.-

Desnudo

Un escrito mí­o que data de 1997 y que recordé anoche cuando, por alguna razón, lo relacioné con mis reflexiones sobre la madurez. Después de buscarlo un rato, lo encontré en un CD que tení­a por ahí abandonado.

Desnudo
Algo, evidentemente, nos empuja.

Tal vez ha llegado el momento
de comprender otras verdades,
de saborear otras noches, encontrar otros metales,
desnudarse: en otras lluvias, en el cauce de tanta muerte,
en la marea de todas nuestras tristezas,
frente a frente en el desconocimiento.

Se amontonan todos los gritos
en un rincón oscuro, sangriento,
a cada día sus respectivas frustraciones,
como todas las noches sumadas del desencuentro
en compañí­a de los vací­os de nuestras bocas.
Palabras desbocadas, hambrientas jaurí­as de sentimientos,
ecos de hielos ajenos que nos traspasan la lengua,
y este frí­o violento, y esta mano indefensa.

Abiertas están las venas de nuestros ojos.

Se desliza suave la idea de asumir finalmente
que todas nuestras personalidades
terminarán por desplazarnos en un fango paranoico,
ví­ctimas de las esquizofrenias electrónicas
que incuba esta anti-Naturaleza,
ley de leyes en la ciudad.

Alguien debe escuchar el llanto,
la profunda queja de nuestra verde carne.

Montañas de inviernos burocráticos,
pasiones de cenizas, digestiones de humo.
Los silencios engendran peligros
cuando los vomitan tantas máquinas,
sobre la piel gris de este cementerio,
donde yace aplastada una paloma y su sangre,
una rosa abortada en el vientre
de un amante ya consumido,
sobre vapores melancólicos,
entre heridas matemáticas y cí­rculos de voces,
canciones desgarradas por navajas de piedra,
fiebres de plástico, amores de acrílico.

Una lágrima de vidrio va rodando por lo simple,
mutilando el susurro de un niño desnudo
que anhela el cálido fuego de la mañana.
Las agujas giran alrededor del reloj,
constantes, iguales, ya sin sentido.

Y el tiempo son las marcas de esas horas
y es siempre el mismo y nunca gira...

... pero dormimos tranquilos
en el naufragio del sueño,
en la ilusión de que es el tiempo,
y no nosotros,
el que pasa.